Bienvenidos al dōjō de Ritmos.

Este es un espacio para todo el que desee hacer música.

En japonés dōjō significa literalmente “lugar de camino”, un “lugar del despertar físico, mental
y espiritual
”. Un buen dojo es una escuela, un espacio de práctica y un templo, todo en uno.

En el mundo actual, conectar con la música desde esa perspectiva, donde el éxito fácil y la inmediatez prevalecen como valores culturales, es un gran desafío.

Creemos que para poder tocar cualquier instrumento, es necesario armonizar cuerpo, mente y espíritu. Y para poder tocar con el alma, todos los aspectos de uno mismo deben estar trabajando juntos para eso.

En el dojo no hay distinción de edad ni experiencia. Cualquiera puede participar.

Y más allá de cualquier “habilidad” que se tenga, se comienza desde el mismo lugar.

Tomando algo de la filosofía Zen, que busca la atención del momento presente en cualquier actividad que realicemos, buscamos transitar la práctica musical bajo esa perspectiva.

Esta forma de aprendizaje no es la convencional. Requiere un espíritu autocrítico y de autoaprendizaje.

Siguiendo el significado de la palabra japonesa “sensei”, que no se refiere al maestro como alguien “superior” al estudiante sino “alguien que ha estado ahí antes”, su función es la de ser un guía, y una vía para la búsqueda personal.
Esto no le da todas las respuestas, sino que simplemente transita un camino similar
que puede inspirar a otros.

Si se busca un acercamiento al instrumento desde un estudio exclusivamente técnico, o se quiere “romper el récord Guinness del “solo más largo o veloz del mundo”, entonces este es el lugar (o momento) equivocado.

Destreza física, información técnica, teoría musical, se pueden conseguir a través de una cantidad ilimitada de fuentes.

La idea no es conseguir destreza o experiencia, sino sabiduría.
Y la sabiduría no se consigue de un libro.
Uno no aprende a andar en bicicleta leyendo cómo hacerlo.

La mejor manera de aprender es mediante la experiencia directa del propio cuerpo.

Hay un viejo dicho zen que dice “Los caminos no se enseñan, se transitan”.

El camino en el dojo de ritmos tiene un comienzo pero no tiene un fin.

Si preguntás “¿Cuánto tiempo me va a llevar convertirme en “profesional o experto” en el instrumento?”, yo diría que la mejor manera de saberlo es olvidándose de la pregunta. Acá no hay graduaciones, ni notas, lo único que importa es poner la energía
en lo que se está haciendo en este preciso momento.

Así que los que quieran embarcarse en esta exploración musical, ¡bienvenidos!

Por qué el Laboratorio de Ritmos es ahora un Dojo.